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Juan Diego mostrando uno de sus dibujos.
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EL DATO
En el 2007, La ONU declaró el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, para alertar acerca de esta enfermedad cuya incidencia ha aumentado en todo el mundo. Es que su diagnóstico precoz y la intervención apropiada son vitales para el desarrollo de la persona.
“Son chicos hiperrealistas en un mundo surrealista”, sentenció en declaraciones a El Litoral, Nélida García de Ortellado, la mamá de Juan Diego (16 años), un joven que tiene el síndrome de asperger -un tipo de trastorno del desarrollo- y que con la ayuda de su familia encontró contención y una forma de explotar sus habilidades diferentes a través de las disciplinas artísticas y la música.
Hoy, 2 de abril, se recuerda el Día mundial de Concienciación sobre el Autismo, y la historia de Juan Diego es una de tantas que existen de personas con un desorden del desarrollo que se caracteriza por un deterioro de su comunicación e interacción social causando un comportamiento restringido y en algunos casos repetitivos.
“Se le detecta en la escuela”, recuerda Nélida en relación a los primeros indicios que tuvieron cuando Juan Diego tenía 10 años y que, en ese entonces, se lo llegó a catalogar de “mal criado” por ciertas actitudes en el aula.
Sin embargo, sin quedarse con lo que le decían los docentes recurrió a los médicos que finalmente descubren que tiene el síndrome de asperger (que se diferencia del trastorno autista por tener habilidades en el lenguaje).
“Por ejemplo, el habla con la gente que está en la casa y cuesta que salga de la casa” relata y seguidamente indica como una característica la de “no levantar la vista, mirar hacia abajo y relacionarse con adultos o niños, pero difícilmente con chicos de su edad”, según describe.
Juan Diego es un joven con visibles limitaciones para relacionarse con las personas que le rodean, pero si cuenta con otras habilidades que lo hacen singular. “Tiene muy desarrollado el hemisferio de las artes”, subraya su mamá, sin dejar de revelar que es un hábil dibujante con pintura en tempera, carbonilla y óleo, “me pintó una madre teresa que todos me piden, pero el no repite sus obras”, comenta.
Así como Nélida, son muchos los padres que buscan por el camino que creen más conveniente explotar las condiciones de sus hijos en un contexto que no es favorable. Es que además enfrentar las dificultades a la hora de encontrar un diagnóstico correcto, después se topan con la barrera que representa no contar con establecimiento preparado para fomentar la inclusión de chicos autistas, por falta de profesionales preparados y un espacio físico adecuado.
En este sentido, existen dos proyectos pendientes promovidos por la Asociación de Padres de Autistas de Corrientes (Apadea). Es el caso de la Ley de protección integral que fue aprobada, pero hace un año que espera por su reglamentación. Algo similar ocurre con la propuesta de crear un centro de inclusión social al autista que duerme en la comisión de Salud del Senado.