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Chamamé comprometido, el padre Zini pidió que se defiendan nuestros recursos naturales. |
La emoción se hizo lágrima la noche inaugural de la XVII Fiesta Nacional del Chamamé y III del Mercosur, cuando la Virgen de Itatí atravesó el predio del anfiteatro “Mario del Tránsito Cocomarola” y subió al escenario “Osvaldo Sosa Cordero”. Allí la esperaba el cura Julián Zini y una procesión con candelas iluminando rostros conocidos como los de Pocho Roch, Cacho González Vedoya y los integrantes del Ballet de la Fiesta, de impecable actuación como todos los años.
Correntinamente, en nombre de la “Itá Morotí” y de Dios, autor de la alegría y la fiesta, la bendición tomó forma de palabra en el discurso comprometido del paí Julián.
“Mientras grandes capitalistas tratan de comprar el agua dulce, nosotros seguimos contaminando el agua potable, la hermana agua”, señaló y pidió un “cambio de actitud en el trabajo, para no ser cómplices y culpables, que esté prohibido morir de sed”. El Acuífero Guaraní como tema principal de un reclamo que se hace con el chamamé como identidad de un pueblo que precisa de su tierra.
“Es deber del Estado preservar ese beneficio de la naturaleza. Es una bofetada en la cara de nuestro pueblo desterrado y huele a pecado mortal, el miedo egoísta por hablar de la tierra amada”, continuó entre aplausos.
“Necesitamos legisladores inteligentes, honrados y patriotas, leyes sabias y justas y un Gobierno que las haga cumplir” y luego llamó a “encender la fiesta en el nombre del Padre y que estalle el chamamé”. Ante una platea cubierta en un 80 por ciento (estiman que hubo entre 5 y 6 mil personas), positiva respuesta del pueblo correntino ante el llamado de sus músicos, Flavio José Frette, de 10 años y oriundo de Carlos Pellegrini, cantó el Himno Nacional Argentino pero en guaraní, acompañado por la Orquesta Folclórica de la Provincia.
Aunque la definición del sonido no fue óptima, el sentimiento de patria hizo vibrar los corazones, con un acordeón llorón como los ojos de Ramonita Galarza, emocionada apretando entre sus dedos un pañuelito de esperanzas.
Hasta el apagón de luz a poco de comenzar el espectáculo (a las 22,25) fue providencial. Por espacio de breves minutos (quince aproximados), el escenario se trasladó a los bancos de la platea. En la oscuridad sonó un acordeón, más allá una guitarra y pronto el canto organizó una fiesta en paralelo.
Cuando volvió el servicio de energía, el chamamé ya brillaba con luz propia. La gente no se movió de las butacas (de cementos, pintadas de distintos colores) y esperó que el programa se reanudara paulatinamente. El gobernador Arturo Colombi y su esposa, la subsecretaria de gestión adminitrativa y programación del Ministerio de Educación, Virgnia Almara participaron de la fiesta del comienzo y también aguantaron a pie firme el apagón. Antes habían tenido que escuchar el mensaje filoso del padre Zini.
Muchos funcionarios provinciales y municipales estuvieron en la primera velada. El vicegobernador Rubén Pruyas, que entregó una distinción a Teresa Paradi (y recogió algunos chiflidos) y después bailó chamamé, el ministro de Gobierno Walter Insaurralde; el ministro de Educación, Rubén Ojeda, el viceintendente Agustín Payes, además de legisladores y concejales.
En el programa, Teresa Parodi y su calidad de correntina iteva para decir las cosas que todos quieren escuchar cerró su número con las hermanitas Vera conformando un trío de antología.
Monchito Merlo levantó al público de las plateas para hacerlos bailar en medio de fuertes sapukay, Los Alonsitos y ese andar por los escenarios contagiando la alegría de su repertorio, la sensualidad de Gicela Méndez Ribeiro y en definitiva, los artistas, verdaderos artífices de esta fiesta que se debe cuidar, defender y respetar.